El producto no es lo que la empresa quiere vender, sino lo que el cliente quiere comprar. Por tanto es importante estudiar y diseñar todos los elementos que aportan valor desde la óptica del cliente, ya sean tangibles o intangibles. El producto/servicio tiene que representar un valor diferenciado. Sin él, la empresa no podrá salir de la mera marginalidad.
Servicios complementarios: El emprendedor debe gestionar los servicios complementarios con el mismo cuidado que el producto o servicio principal. En algunos casos estos elementos pueden ser clave para la diferenciación, como por ejemplo el servicio posventa.
Denominación o marca del producto: El nombre del producto o la marca deben escogerse teniendo en cuenta cuál es el mensaje que se pretende transmitir y el público al que se dirige.
La presentación: El emprendedor también debe gestionar la imagen del producto a través de elementos tales como el diseño, el embalaje y demás elementos simbólicos.
Garantías: El producto o servicio a toda prueba puede ser una de las principales necesidades de los clientes. El emprendedor debe decidir cuál será la política de garantías así como el tratamiento de quejas y reclamaciones.
Desarrollo del producto: La nueva empresa suele comenzar con uno solo o muy pocos productos. Puede ser conveniente planificar cuáles serán los próximos productos o las modificaciones que ser realizarán sobre los actuales.
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